4.50 Promedio (180% Puntuación) - 2 Votos
Vi la película Rocketman y me quedé pensando acerca de lo que me transmitía.
Hubiera preferido que estuviera más centrada en la música de Elton John que en sus adicciones y en su sórdida vida sexual. Por un lado recomiendo la película porque es distinta y porque para la gente de mi generación personajes cómo Elton John, aunque suene cursi y tópico decirlo, es verdad, son parte de nuestra vida. Estuvieron presentes cuándo descubrimos la amistad y el amor empezamos a jugar a ser mayores. Elton John fue un verdadero genio y digo fue aunque no esté muerto porque entiendo que son páginas ya cerradas. Un genio un poco chillón y provocativamente hortera. El sapo cornudo que aparece en una de las letras de Bernie Turpin quizás fuera Elton. Pero demostró tener una sensibilidad y un talento musical fuera de toda duda. Sin embargo, la película no se basa en su música ni en su genialidad sino en su fragilidad emocional y en sus vicios, ignorando que ése es el camino de millones de personas que sin embargo no son geniales como él.
 
Hay una línea de películas biografías contemporáneas sobre personas como Steve Jobs, Mark Zuckerberg, o Freddie Mercury, aunque aparentemente no tengan ninguna relación unos y otros. En general creo que hay que dar la bienvenida a este tipo de películas y por eso no quiero ser especialmente crítico con Rocketman. He leído comentarios muy buenos y efectivamente tiene algunos cambios de escena magistrales y los actores son magníficos aunque el protagonista no tiene la voz ni la autoridad del Elthon John.
 
Creo que fue en 1976 cuando yo pude ver la película Tommy. Una ópera rock, se decía entonces. Ahora creo que no sabría llamarla así. La película está básicamente compuesta por the Who, supongo que especialmente por Roger Daltrey, pero muchos otros de los grandes mitos del rock aparecían en ella. Entre ellos Elton John, que interpretó la canción Pinball wizard, qué es una de las que aparece también en Rocketman. El caso es que el drama de los padres de Tommy en aquella película recuerda demasiado descaradamente al de los padres de Elton John. Incluso el estilo de algunas de las escenas que en Tommy protagonizaron Ann Margret. Por tanto la película no me ha parecido tan original como dicen sus buenos críticos.
 
Elton John lanzó mucha cancioncilla pegadiza. Pero también tiene otras con una fuerza impresionante, baladas de amor inolvidables, y piezas que me atrevo a decir qué son de verdadera profundidad. Pero la película Rocketman, a pesar de centrarse en tratar de descubrirnos sufrimientos que ocasionan unos malos padres, y un problema con las drogas, y de despedir un aire de pesimismo y tristeza, para mi gusto no acaba de reflejar esa profundidad. Insisto en animar a todos a que vean la película. Sin dudarlo, considera que está por encima, muy por encima del promedio de las películas que tragamos continuamente, así que podemos decir que es en este sentido una buena película aunque para mí no está a la altura de lo que merecía y merece este gran ídolo juvenil.
Enrique Brossa
Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí. Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombro pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra. Subcríbete a los artículos de Enrique Brossa
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