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Un hombre puede estar encantado con su señora…. Y con veinte más.

Son las 9 de la mañana, es la puta realidad. Anoche me quedé dormido al salir de la bañera. No estoy acostumbrado a tanto relax y tanto dale que te pego a la dieta vergana, parece que he vuelto a los quince, pero, joder, estoy mejor que nunca, en plena forma, y con más ganas que cuando empecé.

He desperdiciado mi primera noche de soltero. Mi mujer vuelve el domingo, puntual como el suplemento dominical. No es capaz de dejarme solo ni un día más del necesario. Cuando supo que tendría que acompañar a su madre al festival de encaje de bolillo en Sigüenza, se echó las manos a la cabeza… ¡¡7 días!!

—No, madre, no puedo hacerlo. ¿Cómo voy a dejar a este hombre solo tantos días?

—Hija, lleváis muchos años juntos, no creo que una semana lejos de él suponga algo terrible.

—Que no, madre… que usted no conoce a las mujeres. Que ven a un hombre solo en la piscina y se tiran a salvarlo, aunque esté fumando y leyendo el periódico.

—Bueno, pero él es un santo, ¿no? No tienes nada que temer hija.

—Madre, él es santo… y varón, varón de la entrepierna para abajo. Y la tentación es grande, y el diablo no descansa, y yo no me fío ni un pelo, madre. Aunque de él, sí… creo, pero usted no sabe, madre, ¡cómo está el mundo ahora! Esto no es el pueblo. En la capital hay mucho vicio, madre. Y mucho despendole, que ya no hay recato, madre, que no hay recato. Esto es una jungla invadida por cazadores y presas esperando su bala.

Pero, finalmente mi mujer hizo su maleta y me dejó… Siete días, con sus siete noches.

Bueno, la verdad es que a mi no me afecta que mi señora se vaya o se quede, yo siempre hago mis “deberes”. No quiero morir, y mis conquistas me ayudan a quedarme atado a la Tierra por más tiempo.

Y es que un hombre puede estar encantando con su señora, y con veinte más. Es la puta realidad.

Me dejo querer, que le voy a hacer. Casi siempre son ellas las que vienen a buscarme, aunque es cierto que previamente ya he tendido pequeños cebos aquí y allá.

Mi secreto está en escucharlas con atención, pero sin el más mínimo interés. Oye, esto parece que les gusta. Algunas pretenden contarme su vida al menor descuido, hasta el cuarto bostezo, ahí ya empiezan a preguntarme por lo mío. Momento que aprovecho para exponerles mis diversas teorías sobre el magnetismo terrestre y su influencia a la altura de nuestro ombligo. Se quedan encantadas. Es que tengo gracia la verdad, y ellas lo saben. Tengo talento para esto, lo reconozco. Quizás un día escriba un diario con mis técnicas de galán trasnochado. De momento me gusta llevarlo en secreto. Es mucho más divertido.

Hoy trazaré un plan. No quiero desperdiciar mi día y mucho menos, la noche.

He estado pensando en la vecinita Agathita. ¡¡qué majadera!! ¡¡qué morros!! ay…. ¿Y si bajo a pedirle sal?

Está muy visto, pero funciona. Siempre funciona ir a casa de la vecina a pedirle algo… Y lo bueno del factor sorpresa, es que casi siempre la pillas desprevenida y te abre la puerta con poca ropa…

Venga, voy a ducharme y bajo…

Continuará…