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Un desliz nocturno me trasladó a un espacio y tiempo desconocido. Ella estaba allí, susurrándome, regalándome esa sonrisa que me cautivó, esa mirada que me sacudió; marcando sus labios en mi rostro. Busqué que ese lapsus se extendiera un poco más, que me permitiera ver y sentir aún más, sin embargo, la realidad resultaría inclemente. Volví en mí para ahogarme en desilusión y constatar su irremediable ausencia.