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A Reca le brillarán los ojos y el rostro se le iluminará en cuanto el día despunte dentro de Nuevo Edén. Un oasis artificial de cuatro hectáreas protegido del exterior del planeta  Zolm por una gigantesca cúpula. Para Reca, al igual que para otros colonos, son las siete en punto de la mañana, aunque en el exterior de Zolm sean  las cuarenta y cinco horas y diecisiete minutos con el último de los tres soles visible todavía.  En solo lo que tarda Reca en pestañear, la oscuridad  que hay ahora en Nuevo Edén dará paso a brillos, rumores y pigmentos idénticos a los amaneceres que había en el planeta del que salió. Un planeta que dista veinticinco años luz de Zolm y que siempre fue azul, aunque ya no le llegue la luz de su única estrella, el sol, y su atmósfera sea irrespirable y gélida. En Nuevo Edén la  temperatura  ronda ahora los veinte grados centígrados, e irá subiendo paulatinamente tres grados  durante toda la jornada. 

Cuando  Reca entra en la cocina ya huele a café recién hecho, también a zumo de naranja y a pan horneado. Lled, su compañero desde que subieron a la nave que los trasladó hasta Zolm, empieza ahora a abrir los ojos. La casa de ellos dos, como la del resto de las viviendas, se encuentra en uno de los extremos del recinto, en el lado opuesto al del principal edificio: el Centro de Operaciones. Las fachadas de las casas, adosadas y situadas a ambos lados de una única calle, parecen ser de piedra y madera aunque, en realidad, sean de espuma de titanio, el mismo material del que está compuesta la cúpula. Por dentro todas las casas son iguales, de dos plantas con salón, cocina, baño y dos habitaciones, pero algunas están pintadas de azul , como la de Reca y Lled, y otras de blanco, como la de Elppa, la supervisora jefe.

El turno de Reca y de  Lled comienza a las ocho. No todos sus vecinos inician la actividad a  esa hora. De forma escalonada, y en función de la tarea programada para cada uno, los habitantes de Nuevo Edén recorrerán a pie el kilometro y medio que separa la zona residencial del Centro de Operaciones. 

Como siempre, Reca y Lled han salido con tiempo suficiente para no tener que apresurar el paso. Intercambian datos sobre la jornada de ayer y la que les esperará hoy cuando, tras una pequeña loma, la fina lluvia de aspersores que moja tomateras, pimientos, manzanos y  naranjos  y hortalizas salpica hasta el  camino y los alcanza. Lled toma nota  de la pequeña anomalía para que Susa, la responsable de mantenimiento, la solucione.  Reca acelera el paso y suelta lo que parece una sonrisa alargando la mano hasta Lled para que no se moje más.

Un poco más adelante, en uno de los  costados del camino, Reca contempla durante unos instantes, más que en otras ocasiones, un edificio alargado de amplios ventanales. Según el Plano General de Construcción debía ser la escuela pero por el momento solo se usa como  almacén. Mientras que mantiene su mirada en aquella construcción, no puede evitar preguntarse  «¿cuándo?»  Sin embargo, solo es una fracción de segundo y un pensamiento corrector pronto anula la pregunta. 

Casi enfrente de lo que tenía que haber sido la escuela, Reca y Lled dejan atrás el agua azul de la piscina. Pegada a esta se encuentra una gran superficie lisa de pavimento rojo en cuyos extremos se distinguen unas canastas de baloncesto. 

Reca y Lled llevan diez minutos caminando y delante de ellos aparece el anticipo del jardín. Pequeños olivos, cedros y palmeras, junto a un par de fuentes de agua y una veintena de bancos, apenas dejan ver  las dos puertas metálicas que dan paso al Centro de Operaciones. 

Nada más entrar, acceden al vestíbulo que ocupa toda la planta baja. Por unas amplias escaleras suben hasta la siguiente planta donde está la Sala de Operaciones y los despachos.

Sin embargo, Lled tiene que subir una planta más, su trabajo es en la superficie de Zolm pero antes de pilotar la aerogrua, Ovonel, jefe de proyectos exteriores, quiere entrevistarle. Lled no lo recuerda pero durante sus dos últimas salidas no ha cumplido con el protocolo anti contaminación olvidándose guantes y escafandra sucesivamente. Además de la descontaminación posterior, tuvo que someterse a un análisis neuronal completo para no volver a equivocarse. No obstante, Ovonel quiere repetir ese análisis antes de que Lled salga al exterior. En unos pocos minutos empezará la noche y solo durante tres horas, de las cincuenta y una totales, la superficie no será calentada por ninguno de los soles.

La supervisora jefe Elppa ya está en su puesto. Ocupa un lugar elevado en la Sala de Control, donde trabaja Reca y otras dieciséis expertas en transmisiones. Se encuentra muy preocupada porque los casos de mal funcionamiento como los de Lled  también se han producido con otros colonos. Y por si esto fuera poco, ha recibido el informe de la pregunta de Reca cuando esta pasó hoy al lado de la escuela.

Ellpa conoce bien esos pensamientos, a ella hace meses que las ideas correctoras no evitan que los tenga cada vez con más frecuencia. Esa misma mañana se preguntó por qué intentar seguir comunicándose con la Tierra si desde  que llegaron hace dos décadas nunca han tenido una transmisión desde allí. Qué debería hacer si los programadores que los mandaron para ser colonos de Nuevo Edén nunca se plantearon cómo reaccionarían cuando no pudieran ser actualizados con nuevas versiones de software. Ellpa intuye que la lógica con la que crearon su código base desaparece o se bloquea  cuando se trata de mantener los mismos hábitos que la raza humana. Ellos son solo androides, los mejores androides construidos por el hombre. Tal  vez debería empezar a pensar qué hacer si solo ellos fueran la única inteligencia que ha sobrevivido en el universo. 

Ellpa rechaza seguir con esos razonamientos y vuelve a pensar  en la actividad que deben realizar durante la jornada. Estas tareas y rutinas, por el momento, ocupan más memoria interna que esas nuevas ideas que rondan por los nano circuitos de la red neuronal de la Supervisora jefe.

Mientras tanto, el resto de colonos de Nuevo Edén seguirán construyendo en el exterior el segundo invernadero que permitiría traer a la primera remesa de pioneros de la raza humana. No se muestran preocupados porque las emisiones de radio se cortaran  durante el viaje hacia Zolm. Tampoco por haber transcurrido en la Tierra desde entonces ya dos siglos.