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¿CÓMO ESCRIBIR SIN INVOCAR A LA UTOPÍA?

¿Cómo escribir sin apelar a la imaginación?
Y con la claridad de tus conceptos admirables.
Voy de la nostalgia al arrebato impronunciable,
vago perdido entre mundos de verdad y ficción,
sin conseguir un acierto discreto o memorable.

Hay delirios que se clavan impensables
en tópicos que promueven la inspiración.
Capricho o desvarío vago de la alucinación,
quimeras fabuladas tras un sueño realizable.
Y mis letras insondables sin ingenio ni intuición.

Vienen enhebradas en silencios inconfesables
a una faena fatigosa, sin descanso ni cesión.
Otrora me impulsa el deseo de una canción.
Pero hoy sólo quiero una línea demandable
o un latido que te invoque en redención.

Desvarío imprudente que abre mis alas.
Arrebatos de ficción, sueños y espejismos.
Voy tras tus pasos que desbordan mis abismos
sin medir riesgos, sin temores ni escalas.
Convocatoria de latidos con sus sismos.

Pasos taciturnos que tantean lo impensable,
otros desbocados tras la huella del amor.
Letras enamoradas de la palabra, y su color,
van en celo comulgando, en alegría irrefutable,
los versos que proclamas y, son mi perdición.

¿Cómo saciamos éstas ganas de escribir sin temor?
perdidos y obsesos, entre rutinas y sábanas.
Las voces desoídas, son voces que se ufanan
de darle por insulso un golpe al desamor
que se crece con dolencia, y habita en la desgana.

Este dolor, de verdad que me empantana.
Son muchas las horas que le he dado,
en esta página tozuda como arado,
arrastrando soledades tercas y pesadas.
Y la herida que se me abre en un costado.

¿Cómo hago mía la utopía?, sin alarde…
Locura que mantiene poseída mi pluma,
insistente entre fuegos, cardos y brumas.
Y deslumbrada por los rojos de la tarde
que sosiegan mi rabia sin espuma.

Dale el beso que la vuelve inoportuna,
a mi alma que se afinca en soledades.
cayendo y levantando, mansa de verdades
Vaga ciego entre nubes, soles y lunas,
recogiendo rayos, truenos y tempestades.

Ando lerdo frunciendo entre mis ojos,
como aprendo de tu savia cierta y bruna.
Y desando por la senda de la hambruna
amortajado entre silencios y despojos,
que me dejan los retales de la luna.

Aquí le dejo en la senda, lo insondable,
a tu mirada comprensiva y tolerante,
mi pobre alma incorregible y delirante.
Y esta letra inoportuna e insaciable,
empecinada en la utopía convocante.