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( I )

La soledad vaga sin sosiego
y abandona sueños que naufragan.
Las nostalgias crecen y se apagan
sin dejar rastro alguno de su fuego.

La tierra tiene heridas de llantos
que mustios se secaron en su vientre,
se ha preñado de dolor y cansancio
quedando sin raíces ni simientes.

La pueblan mieses grises y cardos.
El canto desoído de los bardos
regurgita entre zanjones dolidos.

Ya no hay letra firme ni promesas
que devuelvan al aire las certezas
que ronda entre penas y olvidos.

(II )

Su huella viene preñada de cantos
con ecos que rompen el silencio,
trae letras que gritan entre necios
y repite las dolencias de unos cuantos.

No son tantos, para no prender alarma,
un puñado de cascotes en el fango
que se pega en los rincones del alma.
Niños solos, bosques ralos y rayos.

Un acopio de lamentos y desgracias
se pasean por las letras cual fantasmas
y perturba la conciencia de los sabios.

Más valiera que empeñáramos el habla,
antes de quedarnos sin eco ni palabras.
Y el fuego creciéndose entre agravios.