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«There´s nothing you can do that can´t be done
Nothing you can sing that can´t be sung
Nothing you can say but you can learn how to play the game
It´s easy…»

La ciudad arde. Las calles son como venas infectadas por el tormento de los muertos vivientes. Edna espera escondida entre los contenedores de basura, con el hacha en la mano y la determinación envenenada por el miedo. Si todavía tiene un poco de esperanza, el mérito es del maldito zombi que se tambalea hacia ella.

Está a dos metros de él. Se levanta y prepara el corte. La hoja se hunde de manera precisa en el cráneo de la criatura. Un ojo sale volando de su órbita y un bulto gelatinoso se adhiere a su zapato, que ya está muy manchado de sangre. Ella lo logró. Saca un pañuelo de su bolsillo y se inclina sobre el cuerpo podrido, desgarrado por los últimos espasmos de no vida. Limpia una parte del cuello devorado por la infección. No puede más, se pliega en dos y vomita.

El tiempo fluye demasiado rápido. Se pregunta si la aguja será lo suficientemente gruesa como para chupar esa sangre ya coagulada.

Aprieta la jeringa temblando y la planta en la carótida. Aspira líquido espeso y oscuro. Es su tesoro.

Doscientos metros la separan de la tranquilidad de su departamento.

Ella corre.

«…Nothing you can make that can´t be made
No one you can save that can´t be saved
Nothing you can do but you can learn how to be you in time
It´s easy…»

Cierra la puerta de entrada y la refuerza con las viejas tablas. Nada cura la fatiga como la sensación de estar segura otra vez.

No hay ruido de la habitación. El miedo retorna a su cuerpo. No puede ser posible tanta paz.

Se enfrenta al corredor con una mueca de inquietud en su rostro. Unos minutos más y una nueva vida comenzará.

Marcelina está en la misma posición en que la dejó, acurrucada en la esquina de la cama y muy abrigada a pesar del calor.

Se acerca al pequeño cuerpo devorado por la fiebre y el cáncer, y volvió a experimentar esa sensación que la ahogaba en una sensación de impotencia podrida. Tomo el brazo de la pequeña con la cánula de la aguja y vació el contenido pútrido de la jeringa. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que se miraron a los ojos.

Pero ahora todo ha terminado. Pronto su pequeña hija estará despierta, sana”. Rasgará los cables que la atan a la máquina de signos vitales y se levantará. Ella se acercará a su pequeña hija caminando. Marcelina pronto se “curará”. Marcelina pronto podrá comer.

“All you need is love
All you need is love
All you need is love, love
Love is all you need”

*soundtrack: All you need is love – The Beatles.
Lennon – McCartney

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Hugo Luque (Lima, Perú, 1975), me forme como Arquitecto en la Universidad Nacional de Ingeniería. Vivo de mi habilidad para crear espacios, pero aun así, necesito de escapes para no morir en el intento. Me considero un crafter, tengo una marca de accesorios macabros llamada Morbid Factory. Lo de escribir se dio desde hace muchos años, me imagino que es una extrapolación de todo lo que hago, y todo lo que no puedo demostrar con mis manos. Me gusta mucho la literatura de horror. Sin caer en un cliché, me gusta la temática Z. Dentro de otras corrientes literarias, me gusta el realismo fantástico, pero con una dosis muy alta de underground.
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