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¿Cómo escribir sin apelar a la imaginación?
Y con la claridad de tus conceptos admirables.
Voy de la nostalgia al arrebato impronunciable,
vago perdido entre mundos de verdad y ficción,
sin conseguir un acierto discreto o memorable.

Hay delirios que se clavan impensables
en tópicos que promueven la inspiración.
Capricho o desvarío vago de la alucinación,
quimeras fabuladas tras un sueño realizable.
Y mis letras fantasmales sin ingenio ni intuición.

Vienen enhebradas en silencios inconfesables
a una faena fatigosa, sin descanso ni cesión.
Otrora me impulsa el deseo de una canción,
pero hoy sólo quiero una línea demandable
o un latido que te invoque en redención.

Desvarío imprudente que abre mis alas.
Arrebatos de ficción, sueños y espejismos.
Voy tras tus pasos que desbordan mis abismos
sin medir riesgos, sin temores ni escalas.
Convocatoria de latidos como sismos.

Pasos taciturnos que tantean lo impensable,
otros desbocados tras la huella del amor.
Almas enamoradas de la palabra, y su color,
van en celo comulgando, en alegría irrefutable,
los versos que proclamas, y son mi perdición.

¿Cómo saciamos éstas ganas de escribir sin temor?
perdidos y obsesos, entre rutinas y sábanas.
Las voces desoídas, son voces que se ufanan
de darle por insulsa un golpe a la desgana,
que se crece sin dolencia, y habita en esta página.

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Heredero anónimo de la herencia anímica de los Migueles (Cervantes, Unamuno, Hernández y Ahumada), aunque éste último era campesino resultó ser un padre sabio y mi "Arcángel" de la guarda. Precoz en el arte de salir adelante, aprendí a capotear temporales y empecé a trabajar a los 8 años, en múltiples tareas locales: Pastor, lustrador de zapatos, pizcador de algodón y un largo etcétera. A los 11 años ya era económicamente avieso, "autosuficiente", o al menos eso creía. Soy inmigrante en mi propio país, residente desde los 15 años en tierras lejanas a las que me vieron nacer y, en vez de “rayo”, tengo una "estrella que no cesa", casada conmigo, 3 hijos que son mi mayor orgullo. Benedittiano químicamente impuro, por Mario; quién más. Ingeniero Civil, con 3 especialidades de postgrado, en distintas disciplinas correlacionadas por diseño propio a mi profesión; amo la arquitectura, soy constructor por necesidad, convicción y por terco. Las letras son mi pasión, desayuno y ceno proyectos, de comida tomo agradecido todo lo que Dios pone en mi mesa, soy de carnes magras y huesos malagradecidos, Insomne antes que "soñador" y arreglo "mi" mundo un día sí y, el otro también. Autor de 5 libros de poesía, y una novela inédita, actualmente diseñador de Modelos de Gestión en Políticas Públicas, Asesor de gobiernos locales, con logros nacionales e internacionales, aporte aprendiz de los Derechos Humanos aún zurdos. Admirador incondicional de todos los que hacen y construyen con su letra, amante de la poesía musicalizada, pienso en verso y la rima me gobierna. Amigo dispuesto y solidario a carta cabal y eterna.
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