MUÑECA DE TRAPO

MUÑECA DE TRAPO

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“Relatos de abuela”

El viento silbaba como nunca lo había hecho.
Y se colaba a través de las rendijas de los postigos de madera que estaban en mal estado, de la ventana de la cocina.
Encima del hule que cubría la pequeña mesa que estaba en la cocina, ella dejo el lápiz, la goma y sus escritos a punto de ordenar.
Desde los cristales divisaba grandes remolinos de arena que subían y bajaban como si de un carrusel de feria infernal se tratara.
Rayos, truenos. Una cortina de agua trajo la gran tormenta que avanzaba por la solana subida en un trotar de caballos.
Toda esa baraúnda de sonidos hizo que ella no escuchara el chirriar de la puerta de la entrada. Un escalofrió le recorre por dentro, las zancadas ya estaban allí, algo caliente corría por entre sus muslos.
No tuvo tiempo a reaccionar y poder esconderse como cada noche hacía.
Con un dolor intenso en su abdomen, encorvada en el suelo, pudo ver como sus relatos eran destrozados y después quemados en el fuego que ardía en la chimenea. El sonido ensordecedor, arranco los postigos de la ventana, que volaron hasta la puerta del patio que había enfrente.
Muda de espanto, ella miro sus manos, estaban húmedas, pegajosas, el agua que había en la jarra de cristal se volvió roja de pronto.
Recogió los jirones del viso color avellana anudándolo como pudo.
Se lo había puesto aquella mañana debajo del vestido de todos los días.
Los cielos se abrieron, escampo la tormenta, el viento amaino a las olas como presagio de liberación.
Ella, corrió hacia la orilla de la playa, descalza, empapada en sudor, lágrimas y sangre.
Mas redonda que nunca estaba la luna llena, miraba expectante los gritos de aquella mujer desvalida, de cómo aparto el miedo de tantos años.
Pequeños montículos de nubes quedaron en segundo plano, sin atreverse a hacer sombra a la luna que había cogido primera fila.
Casi desnuda, poco a poco, el viso y toda ella la cubrió el agua de aquel mar inmenso. Se borraron las huellas de sus manos, la garganta se fue inundando de sabor a sal.
Se terminó el miedo, el acoso, y como era ultrajada cada noche como una muñeca de trapo.
Las tres marías la mecieron en su caída…
¿Cómo sucedió? –¡No lo supo nunca!
En el suelo de la cocina el líquido rojo tapaba un cuerpo semi desnudo.

Francisca Morato Oliva.

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Vlad Dracul

Vlad Dracul

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Sangre y polvo,
habitaciones con olor de muerto
y flores muertas,
que no se acaban nunca;
helados infinitos corredores;
prodigiosas murallas de dos metros de ancho
alertas al ataque de los turcos,
que espera el Conde; y vaga por pasillos mohosos,
pasando indiferente ante espejos inútiles
que no reflejan su capa morada,
ni sus uñas vetustas,
ni su mirada muerta,
ni su cólera por no poder morir.
El pacto que hizo con el Gran Embustero
para alcanzar victoria y vida eterna
y enemigos empalados en vida
le retiene clavado
a esas piedras grisáceas.
Todo dolor y odio y pesadumbre,
sin caminar, desplaza su destrozado cuerpo
en el ámbito inmenso del castillo;
híbridos de mujer y de diablo
emiten carcajadas estentóreas
desde el fondo de una locura negra sin remedio.
Hace ya tiempo que no hay Imperio Turco,
y Vlad Tepes lo sabe;
pero el Ángel Caído
no renuncia jamás a sus derechos,
y Vlad firmó con sangre,
y cada noche hay una joven menos,
un niño menos
en los pueblos vecinos.
Y no hay cruz con poder sobre la tierra
para librar a Vlad Dracul, eterno
prisionero en las ruinas espantosas
y cansado.
Emitiendo en su tumba, quedamente,
el llanto peculiar de los vampiros.

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¡Ahí están!

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—¿Quién eres?
—¿Acaso no me conoces mirándote en el espejo?
—No, esa de ahí  ¡no soy yo!
Yo soy joven y diría que bella. Tu eres horrible y vieja. ¡Como una bruja mismamente!
_Jajaja jajaja. Hace mucho que no te asomabas a tus adentros, pero esa que ves ¡eres tú querida!
—¿Quieres ver lo pérfida que has sido bombón?
—Yo, yo no he hecho nada malo, ¡te lo estás inventando!
De repente el espejo oscureció y un reguero de sangre manaba de la nariz de Manuela.
Ella no podía apartar sus ojos de aquel espejo maldito, a pesar de sentir un pánico extremo.
Imágenes sin sentido pasaban por el espejo, como si fuesen fotogramas o recortes de películas.
En todas estaba ella. Joven y bella como siempre se vio, pero las escenas eran terriblemente crueles!
En una podía verse a ella misma cortando la cabeza con un machete ,a una pequeña que le suplicaba de rodillas que no lo hiciera. Podía sentir la sangre, oler la podredumbre. Era algo espantoso!
En otra pudo ver a su madre llamándola con una sonrisa en la boca. Y como ella por detrás, asestaba cinco chuchilladas hasta asesinarla.
—¡Basta! gritó. Es mi imaginación, ¡esa no puedo ser yo!
Jajaja jajaja se oía desde el espejo.
—¿A la señorita no le gusta conocer su historia?
Manuela no contestó. No podía moverse. Era como si algo la sujetase al suelo que aquélla vieja habitación, sin poder escapar.
Se tocó el rostro y ella notaba al tacto que su piel era tersa. Entonces, ¿por qué se veía tan anciana? Con aquellas arrugas que surcaban como caminos.
Con la mano se limpio la nariz. Aún seguía sangrando. Mientras iban sucediéndose imágenes, que decidió negarse a mirarlas.
—¿No te das cuenta ignorante?- dijo el espejo, ¿que te estoy mostrando tu oscuro futuro?
—¿Qué? -gritó de nuevo la joven.
Jajaja jajaja jajaja..¿No te lo imaginabas así verdad? Jajaja jajaja
—Manuela, Manuela despierta cariño!
Te has quedado dormida aquí arriba en la habitación vieja, mientras tus amigas te esperan ya disfrazadas para la noche de halloween!
—Lo siento mamá, enseguida me pongo el disfraz y bajo.
Manuela se echó a reír comprendiendo que todo había sido una pesadilla.
Sacó su traje de anciana y maquilló su hermoso rostro, simulando casi la cara de una bruja con verruga incluida.
Justo cuando estaba abriendo la puerta para salir, sintió como una mano tiraba de ella, colocándole frente al espejo.
—Jajaja pensabas que te ibas a librar de mí ¿verdad?
¡Pues esto no ha hecho más que empezar!
Esta noche empieza la cuenta atrás en tu macabro destino.
Manuela comenzó a gritar con todas sus fuerzas… ¡Mamá ayúdame!
El crujido de las escaleras advirtió a la joven ,que su progenitora estaba subiendo en su ayuda.
La puerta se abrió y era su padre
—¿Qué ocurre cariño,? Me has asustado

—Quiero que suba mamá por favor, dijo Manuela llorando.
Su padre la estrechó en un abrazo lleno de ternura. Y besando su frente le susurró….
—Mi amor, yo también la echo de menos. Hoy justamente hace dos años de el asesinato. Es normal lo que te sucede!
—Aaasesinato? Tartamudeó. ¿Mataron a mamá? ¿Quién?
—¿Estás bien hija? Preguntó el padre.
Manuela supo en ese mismo instante, que su destino estaba escrito.

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DESAFÍO “PESADILLAS”

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NUEVO DESAFÍO “PESADILLAS”

Hay algo estremecedor en la noche. Revelaciones tenebrosas. Sucesos inexplicables que nos mantienen en alerta. Presencias sin rostro que susurran cancioncillas desde otra dimensión. Desapariciones misteriosas. Hombres oscuros. Bosques húmedos desdibujados por la niebla. Aquelarres de brujas y sus perros cancerberos. Gatos negros que cazan arañas crujientes…

Todo está en la noche. Para todos los soñamos y adoramos nuestras pesadillas, surge un nuevo reto.

Escribe una historia basada en la noche de Halloween, monstruos, pesadillas, sapos y ranas en formol, mocos de troll, arañas nocturnas y gatos negros que recitan a Shakespeare. Adapta la historia cómo quieras.

Género a elegir: Comedia, Drama, Thriller, Suspense, Erótico, Fábula… etc.

Extensión entre 250 y 800 palabras.

El reto comienza el LUNES 07 DE OCTUBRE y acaba el JUEVES 7 DE NOVIEMBRE.

El nombre del ganador sería publicado el día 9 DE NOVIEMBRE.

El relato más votado por los miembros del jurado, tendrá opción a elegir entre :

  • 1 portada de tu libro para ebook
  • 1 entrevista personalizada
  • 1 taller de narrativa ( 4 sesiones gratis)
  • 1 ejemplar de la última novela de Teresa Mateo Arenas, “UN DÍA PARA OLVIDAR”
  • 1 cartel personalizado para publicidad Online.
  • 1 sección Temática para coordinar en desafiosliterarios.com
  • 1 columna semanal durante 3 meses.

Envía tus relatos participantes a través del formulario en nuestra web https://desafiosliterarios.com/nuestros-autores/

RECUERDA AL ENVIAR EL TEXTO HACERLO  A LA CATEGORÍA “DESAFÍO PESADILLAS”

VAS A QUERER ESCRIBIR…

VUELVEN TUS PEORES PESADILLAS… ¡Te las traigo yo!

¡SUERTE!

La abuela recordando

La abuela recordando

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Hace días que veo a mi nieta venir a esta cabaña en medio del bosque, con su caperuza roja y con su mente errante, lo cual es totalmente nuevo en ella. Anda como si estuviese fuera de sí, con los ojos llenos de sorpresa y angustia. He tratado que me cuente qué le pasa, pero he recibido puras evasivas… pero hoy puede ser que sea el día.

Me recuerda a mí hace algunas décadas atrás. Esa sorpresa, angustia y hasta terror me asaltaron después de un suceso que siempre ha estado presente en mi vida. Un recuerdo que fue el nacimiento de algo hermoso, pero que antes de serlo pasó por momentos angustiantes e incertidumbres que en algunos momentos fueron realmente aplastantes.

Desde que tengo uso de razón he sido un alma inquieta y libre. Mi curiosidad hacía que, contraviniendo las órdenes de mis padres; me internará en el bosque a la búsqueda de bichos raros, el canto de los pájaros, el agua de los riachuelos, ver animales portentosos y oler flores silvestres.

Mi madre constantemente me decía que el bosque era peligroso, que había animales que se comían a la gente. “Hay lobos que pueden matarte y comerte”, me decía, pero de nada servían tales historias, yo a la menor oportunidad que se me presentaba, me enfundaba una chaqueta roja que tenía una capucha, regalo de mi padre, y me adentraba en el bosque.

Fue así que en el pueblo me pusieron el apodo de caperucita roja pues para aquel entonces yo era una niña. Fui creciendo y la chaqueta me fue quedando cada vez más pequeña. Como regalo de cumpleaños, pedí una chaqueta igual a la que tenía pero más grande. Sin embargo, mi padre me dijo que me olvidara de tal regalo: “Ya es hora de que vayas vistiéndote como una señorita, y te dejes de estar metiéndote en el bosque”, me dijo.

Yo, fui ahorrando mi mesada y empecé a trabajar como repartidora de cualquier clase de productos usando mi bicicleta. Poco a poco fui reuniendo el dinero necesario para comprar la chaqueta roja de mis sueños, que al final resultó ser una más económica pues la de mis sueños era muy costosa.

Aquel día, yo iba caminando por el bosque de regreso a mi casa. Veía como el sol iba buscando el horizonte para ocultarse y me apuraba para lograr salir del bosque antes del anochecer. Para acortar camino tenía que atravesar un riachuelo y hacia allí dirigí mis pasos. Sin embargo, llegando al riachuelo, vi a un chico desnudo que arrodillado a su orilla veía de manera muy concentrada su reflejo en el agua.

Yo me quedé petrificada. ¿Qué hacía ese muchacho desnudo en medio del bosque? Pensé que era la primera vez que veía a un hombre desnudo y sentí como la sangre subía hacia mis mejillas. También pensé en retirarme pero mi curiosidad pudo más. Me escondí entre el follaje en una posición en la cual veía al chico de espaldas y me preparé para ver lo que iba a hacer.

Él miraba su reflejo en el agua. Pensé que estaba viendo a Narciso a punto de arrojarse a las aguas y morir ahogado, cuando empecé a notar que la orejas de aquel chico se ponían peludas, puntiagudas y se empezaban a mover buscando una nueva ubicación en la cabeza. Vi como las piernas y los brazos de aquel chico se iban transformando en unas patas peludas. Su espalda fue transmutando a un lomo con un pelaje muy hermoso. La metamorfosis había sido extrema, sin embargo, el chico apenas parecía darse cuenta que era lobo, que sentado a la orilla del riachuelo miraba su reflejo en el agua.

Yo ahogué un grito y de manera inconsciente debí haber hecho algún ruido, porque aquel lobo giró su cabeza y me miró. Sentí como sus ojos entraban y hurgaban en mi interior. Nunca había sentido nada parecido y, presa de la sorpresa y del miedo salí corriendo a través del bosque.

Esa fue la primera vez que vi al amor de mi vida, el que sería el padre de mis hijos y abuelo de mis nietos. Pero eso ocurrió algunos años después.

–Abuela, ¿estás oyendo lo que te estoy contando?

–¡Claro que te estoy oyendo, Tania!

Y mientras la oigo, veo como sus orejas se van poniendo puntiagudas… peludas y se empiezan a mover buscando una nueva ubicación en su cabeza. Pronto sus piernas y brazos se transformaran en unas patas peludas. ¡Qué bello pelaje! Muy parecido al de su abuelo. ¡Ah, querida Tania serás la primera mujer lobo de esta familia! Lo malo es que tu ropa va a quedar totalmente destrozada. Pero yo iré buscando algo que te pueda servir para cuando te puedas ir a tu casa.

¿Toda la verdad?

¿Toda la verdad?

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La pobre muchacha estaba agobiada.
—A ver, lobo, que de verdad que lo siento. No quería gritar de esa manera ni echar a correr como loca, pero es que ¡el susto ha sido tremendo!- No, si yo no te culpo, hija. Entiendo que si una persona va por el bosque, abstraída en sus pensamientos, con prisa por no llegar tarde y de pronto le asalta alguien como yo, se asuste. Lo que pasa es que lo tuyo ha sido increíble y por eso he gritado yo también. No había oído esos agudos en mucho tiempo, y soy viejo y he visto de todo, ya te digo.
— Sigo pensando que deberías darte a conocer. Un poquito de publicidad positiva. Si en cuanto hablas eres un encanto. La gente debería saber eso de ti. Si quieres yo puedo interceder un poco en este asunto. A fin de cuentas, voy para asistente social y dicen que voy a ser de las buenas. Sería una oportunidad de oro poder hacer mi primer trabajo contigo.

-—Que no, Cape, que no. Si a mí en cuanto me ven abrir la boca y ven la fila de incisivos ya se acojonan. Y se les nota. Se lo huelo. Ese olor a rancio que da el miedo es inconfundible. Me molesta mucho, la verdad. Es como a trapo viejo y sucio y me da un asco… Me entra por el hocico y se me arruga de la angustia que me da. Y claro, al arrugar el hocico, más enseño dientes. Más miedo. Más asco. Más angustia. Es un no parar hasta que me da la arcada. Y piensan que es gruñido y ya salen despavoridos corriendo y gritando “el lobo, el lobooo”. Total, un desatino todo.
—Yo creo que a lo mejor si te intentaras peinar un poco todo ese pelaje. No sé, un buen cepillado. Y andar un poco más derecho. La cola más metida entre las patas. No husmear tanto por el suelo también ayudaría. Da la sensación que buscas presa haciendo eso.

-—Mira, no me hables de cepillar el pelo. Lo hice. Y parecía un pompón. Totalmente ridículo para los de mi especie. Si mi padre levantara cabeza… Mas derecho no puedo andar, te recuerdo que voy a cuatro patas. Intenta tú andar derecha a cuatro patas. La cola, si la meto entre las patas me tropiezo y me caigo. Y lo de andar husmeando lo da ser un cánido. ¿Qué quieres? ¿Que sea el hazmerreír de los mi especie? No, Cape. No hay solución. Escondido estoy bien. Además, somos huraños y solitarios. Nos gusta ser así. Nos enorgullece este modo de vida. Aunque reconozco que una conversación de vez en cuando también es entretenida.

Anda. Sé buena niña y venga. Echa a andar y ponte a dar gritos avisando que me has visto, y así me dejan tranquilo otra temporadita. Eso sí, te lo pido. Ven a visitarme de vez en cuando. Y trae otro buen pedazo de tarta, pero que no tenga nueces. Se me meten entre las muelas y es un incordio quitarlas. Ve con cuidado, hija. Que lo que sí he visto, son osos, y esos sí que son malos.

(Historia de Cape y Antón, el lobo. Seguimos investigando porqué Perrault le dio el giro que le dio tan dramático. No era necesario, la verdad. La amistad duró años, hasta que trasladaron a Cape a un hospital comarcal, no sabemos si para tratarla de la esquizofrenia por sostener que este relato era verídico, o por que consiguió su anhelada plaza como asistenta social. También lo seguimos investigando).

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