Ranking de escritores españoles más adaptados al cine

Ranking de escritores españoles más adaptados al cine

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Desde que en 1895 los hermanos Lumière organizaron la primera proyección pública de su maravilloso cinematógrafo en París, el cine ha bebido de las fuentes de la literatura para dotar de carne y movimiento a sus historias. Ya uno de los cineastas pioneros más célebres, el francés George Méliès, se inspiró en las novelas de Julio Verne para rodar algunas de sus películas más famosas, entre ellas, su obra maestra: “El viaje a la luna”.

Desde entonces, son incontables las obras literarias que se han llevado a la gran pantalla: desde Sófocles a Shakespeare, pasando por Jane Austen o Stephen King. Hoy en día cualquier escritor recibe con una mezcla de euforia y miedo la propuesta de que una de sus obras sea adaptada al cine: euforia, por los indudables beneficios en forma de dinero y popularidad que esto conlleva; miedo, porque no son pocos los escritores que han visto con horror cómo sus novelas quedaban completamente desvirtuadas por la versión personal y totalmente libre de un afamado cineasta. Sí, va por ti, Stanley Kubrick.

En la actualidad, basta con echar un breve vistazo a las listas de autores cuyas obras han sido llevadas mayor número de veces a la gran pantalla para constatar que la literatura anglosajona lidera todos los rankings, un dato que no sorprende teniendo en cuenta que Hollywood, el mayor motor de la industria cinematográfica, se nutre principalmente de narradores estadounidenses y británicos. Sin embargo, el cine español también ha recurrido a la literatura patria en busca de inspiración.

Una breve investigación sobre cuáles son los autores españoles más adaptados nos deja más de una sorpresa: ni Cervantes gana entre los clásicos, ni el omnipresente Arturo Pérez-Reverte vence entre los más actuales. En este listado se tiene en cuenta únicamente el número de obras literarias llevadas a la gran pantalla, aunque el mismo título se haya adaptado más de una vez. Comenzamos.

A la hora de establecer quiénes son los autores españoles vivos con más obras adaptadas al cine nos encontramos con doce nombres. Entre quienes lideran el ranking se adivina una clara ventaja de los escritores que también son profesionales del mundo del cine. Y es que, a la hora de adaptar un libro, siempre es más fácil si lo ha escrito uno mismo.

En el primer lugar de la lista se alza imbatible el escritor canario Alberto Vázquez-Figueroa, con un total de diez libros y relatos llevados a la gran pantalla. El primero de ellos fue su relato “¿Es usted mi padre?”, que dirigió en una película homónima el director Antonio Giménez Rico, en 1968. Más adelante el autor participó como guionista e incluso dirigió las adaptaciones de algunas de sus novelas más conocidas, entre las que destacan “Oro rojo” (1978), “Manaos” (1979) o “Tuareg” (1984), documentadas a través de sus numerosos viajes por el desierto africano o la Amazonia. En 2004 se rodó una nueva adaptación de su novela “El perro”, con el título de “Rottweiller”, a cargo del cineasta Brian Yuzna.

A poca distancia, con ocho obras adaptadas, le sigue el escritor y cineasta asturiano Gonzalo Suárez, más conocido por su faceta de director de películas premiadísimas como “Oviedo Express”, “Don Juan en los infiernos” o “Remando al viento”. El origen de su carrera cinematográfica está, precisamente, en su producción literaria, que en la década de los 60 compaginaba con el periodismo. Cuando algunas de sus obras -como “Ditirambo” (1968) o “Trece veces trece” (1966)- fueron llevadas al cine con éxito, esto animó a Suárez a probar suerte tras las cámaras, labor que ha simultaneado desde entonces con la literatura.

El cineasta Vicente Aranda ha adaptado nada menos que cuatro de ellas: la primera fue “La muchacha de las bragas de oro” en 1980, seguida de “Si te dicen que caí” (1989), “El amante bilingüe” (1993) y, más recientemente, “Canciones de amor en Lolita’s Club” (2007). También destaca la adaptación que filmó Fernando Trueba de “El embrujo de Shanghai” en 2002.

En tercer lugar no podía faltar uno de nuestros escritores más internacionales, Arturo Pérez-Reverte, con un total de siete novelas convertidas en películas. La primera de ellas, “El maestro de esgrima”, fue llevada al cine por Pedro Olea en 1992, con un reparto estelar que encabezaban Joaquim Almeida y Assumpta Serna. Su buena acogida permitió a Reverte dedicarse de lleno a la literatura con un gran éxito. Famosas son las adaptaciones de “La tabla de Flandes” (1994), “Cachito” (1996) o las más recientes “Alatriste” (2006) -basada en la saga de aventuras del espadachín homónimo, a quien encarnó el actor Viggo Mortensen-, y “La carta esférica” (2007) con Carmelo Gómez y Aitana  Sánchez-Gijón. Mención aparte merece la particular versión que Roman Polanski hizo de su novela “El club Dumas” en el largometraje “La novena puerta” (1999), donde sólo adaptaba una parte de la trama.

El género negro siempre ha dado grandes historias para el cine y, en el caso de la literatura española, no podían faltar los investigadores privados y los enigmas sin resolver. Es el caso de una de las adaptaciones más celebradas del escritor catalán Eduardo Mendoza: “La cripta”, con José Sacristán y basada en la novela “El misterio de la cripta embrujada”, primer título de una exitosa saga protagonizada por un detective sin nombre. En total, cinco de las novelas de Mendoza han sido llevadas a la gran pantalla, entre ellas dos de sus títulos más importantes: “La verdad sobre el caso Savolta” (1978) y “La ciudad de los prodigios” (1999).

La madrileña Almudena Grandes figura en cuarta posición, por detrás de Reverte, ya que seis de sus relatos y novelas han sido llevados al cine. Muchos recordarán aún la tórrida adaptación de “Las edades de Lulú”que dirigió Bigas Luna en 1990, con la actriz italiana Francesca Neri en el papel principal; o la interpretación de Ariadna Gil en “Malena es un nombre de tango” (1999). Más recientemente hemos podido ver la adaptación de sus novelas “Atlas de geografía humana” (2007) y “Castillos de cartón” (2009).

A su vez, la escritora y guionista Elvira Lindo coincide en el quinto puesto con Eduardo Mendoza. Aunque ha colaborado en el guión de numerosas producciones, sólo cinco de sus novelas han sido adaptadas a la gran pantalla, tres de ellas sobre las aventuras de su personaje infantil más querido,“Manolito Gafotas”. También dos de sus libros para adultos se han transformado en largometrajes: “El otro barrio” (2000) y “Una palabra tuya” (2008).

Cerramos la lista con el empate de cinco importantes autores cuyos libros han sido llevados al cine en tres ocasiones. Pese a la prolífica obra de Antonio Muñoz Molina, sólo hemos podido disfrutar de tres adaptaciones cinematográficas de sus novelas: “El invierno en Lisboa” (1990), “Beltenebros” (1991) y “Plenilunio”(2000). De Antonio Gala hemos podido ver convertidas en películas “La pasión turca” (1994) y “Más allá del jardín” (1996), así como su obra teatral “Los buenos días perdidos” (1975).

Junto a ellos encontramos al autor madrileño Lorenzo Silva, que obtuvo una gran acogida de crítica y público con su libro “La flaqueza del bolchevique”, a cuyos protagonistas encarnarían los actores María Valverde y Luis Tosar. Las aventuras policiacas de sus agentes Bevilacqua y Chamorro ha sido llevadas al cine en dos ocasiones: “El alquimista impaciente” (2002) y “La niebla y la doncella” (2017).

Muy celebradas fueron también las adaptaciones de las novelas “Todo es silencio” (2012) y “El lápiz del carpintero” (2002), del escritor gallego Manuel Rivas  así como el largometraje basado en su cuento “La lengua de las mariposas” (1999), que además le valió un premio Goya al mejor guión adaptado. Por último, el escritor y guionista vasco José Luis Olaizola, especialmente reconocido por sus obras de literatura infantil y juvenil, ha visto adaptados tres de sus libros: “La paloma azul” (1980), “Dos mejor que uno” (1984) -basada en su novela “El señor del huerto”– y “La guerra del general Escobar” (1984), con la que ganó el premio Planeta.

Resulta curioso comprobar cómo los cineastas españoles han acudido con más frecuencia a los clásicos de nuestra literatura en busca de inspiración que a los escritores contemporáneos. Un vistazo a los registros de nuestra filmografía revela que el autor español más adaptado de nuestras letras ha sido el dramaturgo alicantino Carlos Arniches-autor de una extensísima obra teatral y renovador del género de la comedia-, con nada menos que 39 obras llevadas a la gran pantalla. Al igual que el también dramaturgo Alfonso Paso, segundo en la lista con 29 adaptaciones, Arniches supo plasmar en sus obras los ambientes castizos de la época, y sus textos -entre los que destacan títulos como “La señorita de Trevélez” o “Noche de Reyes”– gozaron de una inmensa popularidad durante las primeras décadas del siglo veinte, tanto en los teatros como en los cines.

En tercer lugar encontramos a una escritora: Luisa María Linares. Aunque hoy  su nombre haya caído en el olvido, fue una exitosa autora de novela romántica y de aventuras, con más de una treintena de títulos publicados entre 1939 y 1983. Sus novelas, como “Soy Salomé la magnífica” o “En poder de Barba Azul”, fueron convertidas en películas hasta en 23 ocasiones. La sigue muy de cerca el escritor gallego Wenceslao Fernández Flórez con 21 novelas adaptadas, entre ellas la inolvidable “El bosque animado”.

Llegamos por fin a nuestro autor más universal: Miguel de Cervantes. De sus libros se han rodado un total de 16 adaptaciones, la mayoría de ellas de su obra maestra,“Don Quijote de La Mancha”. La más reciente fue una versión de dibujos animados, si bien en 2002 pudimos ver al actor Juan Luis Galiardo encarnando al ingenioso hidalgo y a Carlos Iglesias en el papel de Sancho. También se han rodado películas basadas en obras menores de Cervantes, como “La gitanilla”“La ilustre fregona”.

Los autores de teatro copan el siguiente tramo de la lista. Por un lado, en sexto lugar, encontramos empatados a dos prestigiosos dramaturgos: el premio Nobel Jacinto Benavente(“Pepa Doncel”, “Vidas cruzadas”) y un referente del teatro del absurdo, Enrique Jardiel Poncela(“Usted tiene ojos de mujer fatal”, “Eloísa está debajo de un almendro”), ambos con 15 obras teatrales llevadas al cine.

Mientras, en séptimo lugar, con 13 adaptaciones, se encuentran Miguel Mihura y Armando Palacio Valdés,seguidos por José Zorrilla  en octavo puesto con 12 adaptaciones cinematográficas, si bien diez de ellas son todas versiones de su obra más famosa: “Don Juan Tenorio”.

Cerramos la lista con tres grandes representantes de la literatura contemporánea. En noveno puesto: Benito Pérez Galdós, cuyas novelas de profunda crítica social han sido llevadas al cine en 11 ocasiones. La más reciente fue la versión de “El abuelo”que dirigió en 1998 el cineasta José Luis Garci, con Fernando Fernán Gómez en el papel principal.

 

En décimo y último lugar vuelve a haber dos escritores igualados: Miguel Delibes, de cuyas novelas se han rodado un total de diez películas, entre ellas “Los santos inocentes”, cinta que ha pasado a la historia del cine por la magnífica actuación de Paco Rabal y Alfredo Landa, que les valió el premio a la mejor interpretación en el Festival de Cannes; y Federico García Lorca, también con diez obras adaptadas. La más reciente de ellas es “La novia” (2015), una versión de “Bodas de sangre” dirigida por Paula Ortiz, que en 2017 figuró entre las cintas preseleccionadas por la Academia de Cine para representar a España en los Oscar.

En los últimos tiempos se advierte una tendencia cada vez mayor a adaptar las obras de escritores actuales a la televisión en forma de miniseries, un formato que parece adecuarse mejor a la extensión y desarrollo de los libros. Así ha ocurrido con novelas como “El tiempo entre costuras”, de María Dueñas, “El día de mañana”, de Ignacio Martínez de Pisón, o “La catedral del mar”, de Ildefonso Falcones.

A su vez, el cine nacional sigue alimentándose de la literatura patria, con más avidez si cabe ahora que las posibilidades técnicas y visuales son mayores. De hecho, en la última edición del Festival de Sitges, dos de las películas que levantaron más expectación entre el público eran adaptaciones de dos novelas de género: “Musa”, basada en “La dama número trece” de José Carlos Somoza, y “La piel fría”, de Albert Sánchez Piñol.

Está claro que esto no es el “Fin” de la simbiosis entre el cine y la literatura española, sino un prometedor “Continuará”.

Lo que hace el aburrimiento

Lo que hace el aburrimiento

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Andaba yo en una fase vital de tedio absoluto. Mi propio reflejo en el espejo me resultaba de lo más anodino. Dos años largos de paro y los gestos de resignación de mis padres hacían el resto. El aburrimiento había provocado en mí ciertas costumbres, como la de salir a pasear después del café de la tarde, prolongándolo hasta la hora de la cena. Al menos, libraba así a mis padres de mi presencia durante un buen rato. Una tarde en que mi paseo estaba resultando más insulso de lo habitual, se me ocurrió una idea que justificaba el gran vacío de mi vida, y quizás de mi mente: seguir a una persona.

Teniendo en cuenta mi indiscutible heterosexualidad, que a nadie importaba, consideré más interesante seguir a una mujer, joven, a ser posible. La siguiente hora fue de lo más entretenido pues no terminaba de decidirme por la candidata ideal. Por fin elegí una. La afortunada ganadora era una joven agraciada de unos veinte años que llevaba un libro en la mano. Guapa y culta, la combinación perfecta, pensé.

Mientras la seguía, en vez de reprocharme lo bajo que me había hecho caer mi desidia, me dediqué a pensar si la posición correcta de los calificativos hubiera sido a la inversa, culta y guapa. Casi la pierdo en el metro. Reconozco que mi adrenalina subió unos grados al tratar de coger el mismo vagón que ella.

Emergió junto al parque del Retiro, donde se encontraba una de mis peores pesadillas, las aglomeraciones, pero me dije que si había llegado hasta ahí debía continuar con el juego hasta el final, desconociendo, por supuesto, cuál sería ese final. La turba se congregaba con motivo de la feria del libro y mi joven culta y guapa (sí, cambié el orden) fue de caseta en caseta hasta que se encontró con un viejo alto y encanecido que babeó frente a su escote y al que pidió que le firmara el libro que llevaba consigo. La sonrisa de la joven ante la firma capturada me hizo pensar: ¿de verdad los libros son capaces de motivar a alguien hasta el punto de buscar a su autor y pedirle su firma? Huelga de decir que siempre encontré la literatura como una tortura ejecutada con sarna por mis profesores de instituto.

Luego del Retiro, quedó con unos amigos en un bar. Disfrutaron de unas cañas y dieron un paseo hasta llegar a los cines Renoir. De nuevo tuve que tomar una decisión. Desde luego, la tarde estaba siendo de lo más interesante. Qué cosas curiosas hacen las personas para entretenerse, pensé observando al grupo de la joven culta y guapa. Hice de tripas corazón y entré en el cine. Desconocía que fuera tan caro ver una película en un cine. Qué coñazo, me dije, pues era una película armenia y encima subtitulada. Sin embargo, la historia me fascinó de tal modo que olvidé el motivo por el que había llegado hasta allí. Un acomodador que apestaba a sudor y palomitas me tuvo que recordar que la sesión había terminado, que tenía que salir. Vagué sin rumbo pensando en la película. Cuando llegué a casa mis padres dormían, lo que me permitió entrar en internet sin la acostumbrada reprimenda sobre perder el tiempo y bla, bla, bla. Tuve el impulso de escribir en mi Facebook la opinión sobre la película. Con la sensación indescriptible producida por la ausencia de aburrimiento, me fui a la cama.

A la mañana siguiente eché un vistazo al Facebook, costumbre que anteponía a mi aseo diario e incluso al desayuno. Para mi sorpresa, tenía varios comentarios alabando el mío sobre la película, alguno incluso de desconocidos que compartieron mi publicación. Alguien me añadió, sin permiso, por supuesto, a un grupo de cine donde se comentaban películas. Me entusiasmó. De pronto, tenía un objetivo en la vida: hablar de cine. El grupo era numerosísimo y muchas veces me dedicaba a curiosear entre los perfiles de los miembros. Sí, habéis pensado correctamente, uno de los perfiles era de la joven culta y guapa. Por supuesto, no me atreví a escribirle. No me hizo falta, sabía que, más tarde o más temprano, coincidiríamos en el comentario de alguna película, como así fue. Tras tres años llenos de comentarios cruzados tuvimos nuestra primera cita.

CARTA ABIERTA AL DUEÑO DEL CINE DE MI BARRIO (relato)

CARTA ABIERTA AL DUEÑO DEL CINE DE MI BARRIO (relato)

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Marcos se sentía orgulloso de la educación que le estaba dando a su hijo. Era estricto sin llegar a la severidad, pero, sobre todo, era inflexible. Los resultados saltaban a la vista. Obediente, siempre llegaba a casa a la hora marcada, sin retrasarse un minuto, y muy buen estudiante; de hecho, era el que mejores notas sacaba de todo el instituto. Ni siquiera ahora, con catorce años, le había comprado un móvil, y su hijo jamás se lo había reclamado.

Marcos basaba su vida en la rutina. El niño en el colegio, su mujer en el supermercado y él desayunando en la cafetería de siempre mientras leía el periódico. Se lo podía permitir, sus inversiones iban viento en popa. Adoraba ese momento en el que leía el periódico. Lo devoraba. Una de sus secciones favoritas eran las cartas al director.

Un día, le llamó la atención el título de una de las cartas, “Carta abierta al dueño del cine de mi barrio”. Sonrió, nunca se había encontrado con algo tan llamativo y, por supuesto, la leyó. Decía así: “estimado dueño del cine del barrio Dugi, le pido perdón por no decirle mi nombre, pero créame, es mucho mejor así. Mucho mejor para mí, claro. Tengo catorce años y lo que más me gusta en esta vida es ir al cine. Viendo películas me olvido de todos mis problemas. No tengo amigos. Mis padres creen que sí, pero no, yo les engaño para no verles tristes, sobre todo a mi madre. Como soy el que más nota saca pues me acosan por todos lados. Como tampoco tengo móvil pues más bicho raro soy en el instituto. Lo único que hago es estudiar. Al cine voy los sábados. Sueño con ese día porque es el más feliz de la semana, bueno, el único realmente feliz, salvo los momentos en los que estoy con mi madre, claro. El caso es que mis padres creen que los sábados salgo con los amigos, pero en realidad voy al cine. Solo. El problema es el horario del cine, y por eso le escribo. Las películas que quiero ver siempre empiezan a las ocho y mi padre me obliga a estar en casa a las  nueve y media. No vea cómo se pone si me retraso un minuto. Una vez me dejó un mes sin salir. Bueno, esa ha sido la única vez, no quiero que me vuelva a pasar. No se imagina lo que es estar un mes sin ir al cine. Lo peor es que me tengo que salir de la sala sin ver el final de las películas. Siempre me faltan los quince minutos del final, pero, entiéndalo, es que tengo que estar en casa a la hora que me ha dicho mi padre. Por eso, le pido si pudiera cambiar el horario de las proyecciones, no sé, retrasarlas unos veinte minutos. Media hora sería genial. No le molesto más. Muchas gracias por su comprensión”

Marcos tenía un nudo en la garganta. Era incapaz de tragar. Su rostro había quedado petrificado sobre aquellas palabras. Caminó toda esa mañana por el barrio. No almorzó, no cenó, no durmió.

El sábado, después del desayuno, se acercó al cuarto de su hijo. Por supuesto, estaba estudiando. Se quedó observándole unos minutos.

-Hijo- le llamó.

Su hijo se levantó raudo de la silla.

-¿Si, papá?

-He pensado que te estás haciendo mayor, y creo que a partir de ahora podrías llegar a casa a las diez y media de la noche.  Una hora más ¿Estás de acuerdo?

Tardó en responder. Sus ojos se humedecieron, el corazón parecía querer estallar. Se limitó a asentir tratando de disimular su emoción.

-Bien- dijo su padre, aunque sin sonreírle- Sigue con tus estudios.

Marcos hizo por irse pero se detuvo y se giró para hablar de nuevo a su hijo.

-Ah, una cosa más-el adolescente volvió a levantarse raudo de la silla- Si hoy, no sé, te apetece ir al cine, podríamos ir juntos los tres.

 

EL COMPAÑERO DE VIAJE

EL COMPAÑERO DE VIAJE

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¿Es usted escritor?

Lo intento.

¿Está escribiendo una novela?

Más o menos.

¡Está bien lo que ha escrito!

¿Lo estaba leyendo?

Disculpe no he podido evitarlo. Lo he visto tan entusiasmado golpeando las teclas del portátil y el viaje es tan largo que el deseo ha sido más fuerte que la prudencia…

¿Siempre hace eso?

¿Espiar?

No, hablar de esa manera.

La vedad es que no, pero usted me ha inspirado respeto.

¿Me está llamando viejo?

¡Por Dios! Nada más lejos de mi intención. Me refería a lo concentrado que estaba escribiendo. Siento una profunda admiración por quien es capaz de imaginar una historia como la que está escribiendo ahora.

¿Y cómo sabe que es fruto de la imaginación? ¿Cómo sabe que no ha sucedido de verdad? ¿Cómo sabe que no soy un asesino en serie que como macabra firma escribe en forma de relatos los asesinatos que ha cometido?

Porque eso ya está inventado.

¿Le parezco poco original?

No me parece un asesino.

Nunca se puede fiar de quien se sienta a su lado.

Correré el riesgo porque me gusta leer.

¿Es usted un cotilla?

Me refiero a que me gusta leer cualquier cosa.

Quizá sea una desviación peligrosa.

¿leer?

No, espiar lo que escriben otros.

Ya le he pedido disculpas. Si quiere me cambio de asiento.

El comienzo no fue muy esperanzador. Llevábamos poco más de media hora de viaje y todavía quedaban tres por delante. Tenía como compañero a un joven extrovertido y fisgón que debería venir de algún campamento de verano porque llevaba atado al cuello uno de esos pañuelos de aventureros que solo ellos saben qué significado tienen los diferentes colores de esa prenda. Insolente y lenguaraz como corresponde a su edad hormonal, no paraba de interrumpirme entusiasmado con lo que estaba escribiendo compulsivamente en uno de esos escasos momentos de inspiración torrencial. Yo quería aprovecharlo porque cada vez eran menos frecuentes y no podía dejar ir descontroladamente a mi imaginación porque allí estaba él preguntando continuamente sobre lo que escribía. Al menos no me daba consejos ni me sugería escenas o personajes, se limitaba a preguntar como cuando un niño comienza a descubrir las sutilezas del lenguaje.

Puesto que ya somos amigos…

De eso nada. Somos compañeros de viaje.

Bueno, no se ponga así. Llevamos ya dos horas juntos compartiendo la historia que está plasmando en esa relato…

Pues se habrá dado cuenta que se trata de un asesinato.

Lo intuyo pero todavía no lo capto.

De eso se trata.

¿Me está llamando tonto?

No muchacho, no —me mostré por primera vez condescendiente—. Me refería a ir mostrando poco a poco la trama sin descubrir el desenlace hasta el final y mantener al lector enganchado durante toda la lectura.

¡Puag! Eso es una mierda. Las novelas así son lentas y aburridas. Hay que ir al grano desde el primer momento. Ación y más acción….y sexo, claro. El sexo es importante.

Pero escribir no es hacer una película.

¿Cómo que no? Pues entonces qué gracia tiene si uno no lo puede ver plasmado en una pantalla.

El cine es tu cerebro cuando lees. La imaginación es la proyección…¿Lo entiendes?

¿Y las palomitas? ¿Cómo las metemos en el cerebro?

No pude evitar sonreír. Me caía bien el chaval aunque era un incordio. Miré al frente y observé como el marcador de velocidad alcanzaba los 300 Km hora. Mi compañero ocasional se mostraba entusiasmado con ello.

Impresionante la velocidad del bicho este. Así deberían ser las novelas.

Como tu vida , ¿no?

Vive deprisa y deja un cadáver joven….¿quién dijo algo así?

«Vive rápido , muere joven y dejarás un bonito cadáver»

Esa, esa , ¿de quién es?

Precisamente corresponde a un dialogo de una película aunque erróneamente se le atribuye a James Dean.

Impresionante la corta historia de ese actor.

Yo puedo ayudarte a ser un bonito cadáver si es eso lo que quieres.

¡Venga vamos!… ¿Me va a meter en su novela?

Él soltó entonces una enorme carcajada como si un colega suyo le hubiera explicado uno de esos chistes tan básicos y absurdos que uno no recuerda por qué hacen tanta gracia cuando eres joven.

Ustedes dos, ¿pueden bajar la voz? —nos interrumpió la usuaria del asiendo delantero.

Disculpe señora, ¿pero acaso este es el vagón del silencio?

No le haga caso —intercedí—. Le pido disculpas.

No hable por mí, que ya soy mayorcito.

Pues demuéstralo y no dejes en mal lugar a tus padres —volvió a intervenir la señora molesta.

No miente a mis padres, se ha metido donde no le llaman.

Vamos a calmarnos todos un poco o les hago bajar en la próxima estación.

Quien nos dirigió esa advertencia fue un empleado de la compañía que había sido avisado por otro pasajero. Nos quedamos en silenció durante unos minutos. Aproveché para reemprender mi relato y mi joven amigo se quedó ensimismado mirando por la ventana sin poder ver nada porque a aquella velocidad era difícil posar la vista sobre cualquier detalle.

¿Puedo saber de qué va entonces lo que está escribiendo?—dijo casi susurrando.

De un señor normal de apariencia digna y nada sospechosa, que comete sus crímenes en los trenes de larga distancia. Sobre todo se ceba con jóvenes preguntones que lo incordian constantemente.

Muy gracioso.

De Verdad. Este asesino se mueve constantemente por el país y comete sus crímenes al azar. Nunca en el mismo tren. No para más de una día en cada ciudad y siempre coge un tren diferente. Está en continuo movimiento y una vez cometidos los escribe también en los vagones. Estos los publica, con éxito, en otro idioma bajo un pseudónimo imposible de relacionarlo con su identidad y en las antípodas de donde comete los asesinatos. Nunca deja de estar en movimiento, se podría decir que vive en el tren de día y de noche pernocta en cualquier ciudad que esté en su recorrido. La policía lo conoce como «El misterioso asesino del tren». No tienen ninguna pista, no saben por donde empezar a buscar y no hay ninguna relación entre los muertos. La única constante es que se trata de viajeros del ferrocarril.

La que sonrió ahora era la pasajera que nos había interrumpido indignada antes, al ver como se quedaba mudo mi joven acompañante. Además de quedarse sin habla volvió a desviar la mirada hacia la ventana en busca de consuelo. Por primera vez deseó estar ya al final del trayecto. Le quedaba poco.

Proseguimos el viaje en silenció y yo pude completar mi obra. Me bajé en la siguiente estación con la ceremonia acostumbrada. Ya en el andén me quedé observando la ventanilla donde el joven tenía apoyada la cabeza sin vigor alguno. La mitad de la cara empotrada contra el cristal dándole una aspecto fantasmagórico muy propicio para la ocasión. Como un muñeco de trapo yacía inerte aquel cuerpo larguirucho. Sonreí maliciosamente mientras observaba como el tren arrancaba sin que nadie lo hubiera advertido.

Diez minutos más tarde despertó sobresaltado. Se había quedado dormido profundamente, seguramente como medida de protección (reminiscencias de cuando era niño de teta) ante lo que no le gustaba. En tan poco tiempo tuvo una pesadilla de la que se había despertado bañado en sudor y totalmente lívido. En ella un señora de edad inclasificable, pero que bien podía ser su madre, le había rebanado el cuello con un corta uñas y le había arrancado la oreja de un mordisco. La señora había perdido los nervios porque le molestaba su tono de voz. Abrió bien lo ojos para confirmar que estaba ya en el mundo real y se dio cuento que estaba solo. Se dirigió a la pasajera intransigente:

¿Ha visto al señor que estaba a mi lado?

Esta no contestó. Se incorporó y adelantó su cuerpo para aproximarse a ella. Le dio unos golpecitos en el hombro para llamar su atención y el cuerpo de ella se desplomó sin que nada ni nadie pudiera frenarlo. Quedó tendido de forma caprichosa en el suelo del vagón, quedando el torso y la cabeza en medio del pasillo a la vista de todos. El resto de pasajeros se alarmó inmediatamente y no tardaría en llegar el revisor. En ese momento el joven de dio cuenta que tenía las manos ensangrentadas. Apoyó su espalda de nuevo sobre el respaldo para tomar aire y para no llamar la atención. Le costaba respirar. No se podía creer que le estuviera ocurriendo aquello: era exactamente igual que lo que estaba escribiendo su desaparecido compañero. Se daba golpes en la cara para asegurarse de que no era una pesadilla. Sobre el asiento vacío un trozo de papel le llamó la atención. Era una nota. La cogió y la leyó:

«A ver cómo explicas esto a la policía. Ha sido un placer compartir el viaje contigo»

EL CINE INDEPENDIENTE

EL CINE INDEPENDIENTE

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El cine independiente, juega bajo la regla de partir de un presupuesto bajo y ser realizado en unas condiciones precarias y suele narrar argumentos cotidianos para el gran público; su distribución es ínfima; en ocasiones es una “cooperativa” o una operación de “crowdfunding” los únicos ingresos posibles para llevar a buen puerto el proyecto .

Los argumentos más habituales expuestos en las películas de “serie b” son temas de carácter social, político o conflictos personales de toda índole . La libertad del director independiente es total y esa visión al mismo tiempo tan personal de rodar le da una pátina de film indefinible, crítico o experimental, o fuera de la llamada “zona de confort” .

Los primeros pasos del cine independiente iban acompasados a movimientos artísticos, manifiestos idealistas con un acento transgresor o rupturista…Neorrealismo italiano ( 1943 ), la Nouvelle Vague Francesa ( 1959 ), Nuevo Cine Americano ( 1959 ) o el Free Cinema Inglés ( 1961 ).

En la actualidad, las compañías fundadas por cineastas independientes están perfectamente encajadas en la industria del cine; mediante festivales de cine independientes, tienen una rampa de lanzamiento y crean su pequeño circuito de distribución, el Festival de Sundance o el Festival de Tribeca son dos claros ejemplos de percusores de este tipo de cine, tan necesario y tan luminoso para los ojos ávidos de cualquier cinéfilo . El movimiento “Dogma 95” también merece una mención considerable .

Los Premios Independent Spirit son una organización sin ánimo de lucro dedicada a las películas independientes, este festival se celebra en una playa de Santa Mónica, California .

Y como datos curiosos, decir que la primera película independiente distribuida por un gran estudio como “Universal” fue la película “Easy Rider”; fue un éxito de taquilla descomunal .

Y uno de los galardonados en su día con un Premio Independent Spirit, fue el director Christopher Nolan; a día de hoy, se lo rifan todos los grandes estudios de Hollywood .

 

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